domingo, 27 de julio de 2008

TERMINANDO EL JUICIO

La maravillosa realidad del juicio investigador para quienes han seguido a Cristo es una confiaza confirmadora. Cuando Cristo haya terminado de ministrar en el Lugar Santísimo del Santuario celestial, cuando los nombres de todos los que han hecho profesión de fe en Cristo hayan sido examinados, cuando se haya pronunciado la sentencia: "El que es justo, practique la justicia todavía" (Apo. 22:11) y los siervos de Dios sean sellados, entonces ya no hay posibilidad de que Satanás los pueda arrancar de las manos salvadoras de Dios. Los fieles creyentes, los adventistas del séptimo Día, nos aferramos de esta seguridad mientras proclamamos el juicio de Dios, el investigador que ahora se realiza y el ejecutivo despues de la segunda venida de Cristo.
La declaración: "Ha llegado la hora de su juicio' indica la obra final de la actuación de Cristo para la salvación de los hombres. Proclama una verdad que debe seguir siendo proclamada hasta el fin de la intercesión del Salvador y su regreso a la Tierra para llevar a su pueblo consigo. La obra del juicio que empezó, conforme a la profecía, en 1844, debe proseguirse hasta que sean falladas las causas de los hombres, tanto de los vivos como de los muertos; de aquí que deba extenderse hasta el fin del tiempo de gracia concedido a la humanidad" (CS 488,489).
Dios mismo está esperando la total vindicación de su carácter; es de la mayor importancia que muestre su justicia delante de su creación entera; asimismo es muy importante comprender la distinción entre el juicio investigador del momento presente, el juicio ejecutivo sobre los impíos cuando regrese Cristo y la final y total erradicación del mal en el lago de fuego despues de los mil años.
Al pensar en la naturaleza cósmica del juicio, causa enorme impresión la enormidad del problema del pecado, transgresión de las leyes de Dios. El pecado y sus consecuencias, han demostrado ser más perniciosos que cualquier virus moderno pueda ser. Ha penetrado en los lugares más recónditos, íntimos, de la naturaleza humana; corrompió el Edén original y paso a paso ha trastornado todo; y se ha revelado como el poder más destructor, intentando la destrucción del mismo Hijo de Dios y debilitar hasta anular el valor y poder moral en cada vida humana. Así, pues, no debe sorprender que Dios haya puesto gran énfasis al tratar la erradicación del pecado, de una forma tan metódica y pública.

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