viernes, 18 de junio de 2010

¿TEMOR O REVERENCIA PARA CON DIOS?

La verdadera reverencia para con Dios es algo raro en nuestro tiempo. ¿Qué es Dios? Para muchos es simplemente poco más que una especie de "genio de la lámpara", a tener en cuenta solamente cuando hay algo o alguna cosa que se desea alcanzar o poseer, y que por nuestros propios medios resulta difícil lograr. La idea de una obediencia sencilla y consciente a Dios es casi obsoleta entre muchos de los que se llaman a sí mismos cristianos, y presumen de su libertad espiritual respecto a la ley de Dios. (Lee Lucas 6: 46).
La mayor bendición resultante del "temor reverente" es que nos impulsa a prestar más y mayor atención a  Su Palabra. La Biblia promete que el amor de Dios será perfeccionado en quienes obedecen su Palabra y siguen el ejemplo de Cristo (1 Juan 2: 5,6) "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo"
 Las cosas espirituales sólo pueden ser discernidas espiritualmente; para la mente carnal, la idea de temer a Dios parece un yugo de opresión. Pero las Escrituras y la experiencia de la vida, muy al contrario, afirman: "¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!" (Salmos 31: 19).
Quienes buscan al Señor son liberados de todo temor innecesario y debilitador. Quienes temen a Dios en el sentido que la Biblia da al término "temor", reciben su sello.
Los héroes y heroínas bíblicas de la fe tuvieron una inequívoca reverencia para con Dios. Temían ofenderlo, no porque tuvieran miedo de  que él se vengara, sino porque querían honrar y representar correctamente su nombre. Sabían que el primer paso en la senda de la vida es mantener la vista siempre fija en Dios, y conservar siempre su temor ante los ojos. Una vida tal se distingue por la integridad, la fidelidad, la disposición a cumplir con los deberes y un claro sentido de propósito, todo combinado con valor, visión y fe que hacen posible dar fruto para el Señor.
Las personas a las que la Biblia caracteriza como carentes de temor para con Dios, carecen también de amor, compasión, moralidad y fe espiritual.
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